Alguien que quiere conservar su nombre en el anonimato nos remite el siguiente texto que reproducimos, con nuestro agradecimiento. De igual forma, informamos que aquellas personas que deseen hacernos llegar algún tipo de texto o creación literaria con motivo de la Coronación Pontificia de Nuestra Madre de la Esperanza o relacionado con la Cofradía pueden hacerlo llegar enviándolo a los correos info@esperanzagranada.es o comunicacion@esperanzagranada.es
Estarán en el día en que será más Esperanza
No llegaron. Cumplieron con su labor, los acompañaron muy cerca. Siempre. formaron parte de Él y de su Madre Bendita. Fuertes y firmes, lozanos, frescos. Alumbraron su caminar. Derramaron lágrimas, dieron lo mejor de sí. A su lado, conscientes de se apagarían, se marchitarían. Pasarían -lo presentían- pero alegraron su Martes Santo, cada día de cultos, en forma de ofrenda y devoción, de oración, de tributo y belleza de Gran Poder y de Esperanza. Se perfumaron para perfumar de Esperanza. No llegaron, pasaron. Pero no los abatía tristeza alguna, estaban en el sitio donde tenían que estar. Con su Esperanza. No estarían presentes en su Coronación. Pero su certeza de final no era tristeza, era Esperanza. Sabían que otros ocuparían su lugar y la Esperanza, volvería a darse y a ofrecerse a embellecer con sus presencias el día de su Coronación. Y en ellos, en sus hijos y sus hermanos, en otros, estarían presentes el día 13 de octubre y los 18 de diciembre… y muchos días. Algunos no llegaron por meses, otros no llegarán por días. Incluso una vez marchitos, siguieron donando devoción a María Santísima en otras advocaciones en forma de petalás.
Esos cirios, orquídeas, rosas, azucenas, nubes de incienso, lirios, consumidos en tantas ocasiones y que adornaron su palio o fueron signo de fe en la fila ayudados por la mano de alguien que rezaba, que ofrecía Esperanza, volverán a estar, recién fundidos en sus candeleros, brillantes. Recién cortada, fresca y perfumada la flor, primorosamente colocada otra vez en sus jarras.
Y en todas esas flores, lágrimas de cera derretida olores y sensaciones también estarán , ahora sí, ponga cada cual aquí sus nombres y apellidos, los hermanos que nos precedieron, los que ya disfrutan de la Esperanza eterna. Estarán en su día de ser más Esperanza. Y estarán también los ancianos, los bebés recién nacidos, los enfermos…»los que viven sin esperanza»… y nosotros. Los que vamos a tener el privilegio de vivir con ellos -porque ellos siguen estando presentes en nosotros-, la Coronación Canónica Pontificia de Niña de Risueño, de la Virgen de la Esperanza.